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Tucupita, 21 de febrero. Por Kapé Kapé. | La lengua materna es una garantía de supervivencia de la identidad nacional que nos vincula con los saberes y conocimientos de nuestra historia y espiritualidad.

Ante el contacto avasallante con la cultura criolla, los pueblos indígenas del país han ido perdiendo su autenticidad.

Venezuela no escapa a este riesgo por una multiplicidad de factores, entre ellos la falta de un modelo educativo acorde con la cultura indígena, la no aplicación de los instrumentos jurídicos aprobados, la falta de seguimiento y evaluación de programas de educación intercultural bilingüe, la influencia de otras culturas a través de la música, bailes, formas de vestir y la discriminación racial, dando como resultado que los indígenas vayan desplazando sus idiomas ancestrales y utilicen mayormente el castellano, hasta convertirlo en su primera lengua, mientras que el originario se usa sólo en conversaciones familiares.
Un ejemplo de esto lo encontramos en Amazonas, donde los idiomas baré y baniva se encuentran en peligro de desaparecer.
Los resultados de los censos indígenas que se han realizado desde 1982 dan cuenta de que estas etnias han ido bajando drásticamente en número de población, lo que, como es de esperarse ha tenido un impacto crucial en sus idiomas.

Es así como según los datos del último Censo Nacional Indígena de 2001, había 2.271 indígenas baniva, de los cuales sólo 1.627 declararon hablar su lengua.

En peor condición se encuentra la etnia baré, que a la fecha registraba 2.673, de los cuales sólo 239 hablaban su idioma.

La Unesco estima que en Venezuela hay al menos 34 idiomas en peligro de extinción, y con ellas está en riesgo también su cultura, forma de vida y manera de ver y entender el mundo.

En el marco de la celebración del Día Internacional de la Lengua Materna, es propicia la ocasión para solicitar al Estado que impulse a través de sus instituciones, iniciativas que ayuden a promover el uso de los idiomas indígenas como factor esencial para la preservación de las culturas de los pueblos originarios de nuestro país.

Se requiere entonces de una legislación que proteja el uso de una lengua y lo promueva, el apoyo gubernamental para impulsar un proceso de revitalización y aprovechar el impacto de la tecnología en las nuevas generaciones para alentar a los jóvenes en pequeñas comunidades a seguir usando el idioma que encierra la esencia de su cultura.

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