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Jorge Salma

Tucupita, 11 de septiembre. Por Jorge Salma. | Todos tenemos un importante acervo cultural, cada cual según su comunidad de origen y el medio en que se desenvuelve, tendrá un mayor conocimiento sobre las circunstancias que lo rodean, que cualquier recién avenido.

¿Es que acaso cabe discutir, que sobre las artes de la navegación en el Delta no hay personas más preparadas que los warao? Cualquiera que niegue esa afirmación pecará de ignorante y soberbio. Los warao han vivido más de 7 mil años sumergidos –literalmente hablando- en las aguas del río Orinoco, y en virtud de esa tradición, modus vivendi, costumbre o como se le quiera llamar, son profundos conocedores de la materia. Superan con creces nuestro acervo cultural sobre el tema.

Sin embargo, cuando vienen a la ciudad se les dificulta enormemente manejar un cajero electrónico, por no decir que es misión imposible.

El desconocimiento no solo termina allí, muchas veces no se trata únicamente del peculio académico o la sapiencia tradicional, es necesaria la malicia o la superación del estado de inocencia en que nos encontramos. No basta con saber por dónde caminar, en qué lugar comprar o el valor de la moneda, en la actualidad es necesario sostener un criterio firme o tener más o menos certeza de las intenciones que abrigan aquellos que dirigen nuestros destinos.

En los últimos tiempos nos hemos visto envueltos en una contienda bastante estéril a nivel nacional, que nos ha convertido en objetos pasivos de fuerzas muy poderosas que más que orientarnos tienden a confundirnos, nos hemos convertido en pasajeros de una embarcación a merced de la corriente, sin posibilidad de seguir un camino propio o trazar un proyecto de vida acorde a nuestra formación y deseos.

De poco valen los conocimientos cuando el aspecto ideológico prevalece y tuerce nuestros designios, la doctrina tiende a imponerse haciendo a un lado la derivación lógica, producto del análisis fundamentado en nuestros conocimientos para inducirnos a creer en una pradera incompleta y obtusa del entorno, que solo refleja un aspecto o perfil de la realidad.

Son camisas de fuerza que nos manipulan y desvirtúan nuestro concepto de la realidad, ¿de qué me sirve un magister en manejo de capitales si ser rico es malo? ¿Por qué he de ambicionar mejorar mi condición socioeconómica si ello me convierte en una abyecta figura social? Son ejemplos muy burdos, es cierto, pero es la mejor forma de explicar nuestro planteamiento.

No atesoro reserva alguna sobre ningún sistema político, todos tienen fortalezas y debilidades, son creaciones humanas y como tales imperfectas, sin embargo, si abrigo muchas dudas sobre la forma en que suelen ser presentados o interpretados por los políticos que pretenden encarnarlos, haciéndonos ver que los ejercen a verosimilitud de su esencia hasta convertirlos en caricaturas de su naturaleza, en aberraciones de su condición.

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